Fotoperiodismo, el arma -¿precarizada?- del futuro

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El fotoperiodismo es un elemento esencial para el futuro del cuarto poder

Por Àlex Gutiérrez.

Leer no está de moda. Es una realidad, no le acabo de descubrir América a nadie. La caída del papel, la irrupción del transmedia, la instantaneidad de las redes sociales… Son muchos los factores que han acabado con la rutina dominical de comprar el periódico temprano por la mañana con la compañía de una taza de café. 

Hoy en día la gente quiere estímulos, que la lectura esté complementada por recursos audiovisuales, que entre párrafo y párrafo puedan desconectar un momento para luego reengancharse con más ganas. No quiero exagerar, sigue existiendo un sólido bastión fiel al arte de la lectura. Sin embargo, hay otro sector -cada vez más creciente- cuyo interés por los diarios pende de un hilo.

El precio por foto, carne de precarización

Es aquí donde la labor del fotoperiodismo deviene imprescindible. Gervasio Sánchez, Premio Nacional de Fotografía de España y ganador del premio Ortega y Gasset de periodismo gráfico, dice que “es más fácil engañar con la palabra que con la imagen”. Pese a ello, reconoce que “documentar gráficamente es más caro y difícil que escribir”. Este hecho lo aprovechan los medios para vaticinar intencionadamente el fin de esta disciplina, “con la intención de ahorrar costes”.

“Hoy en día no es normal que te envíen durante meses a trabajar en un solo proyecto, y en la mayoría de los casos tienes que contribuir con parte del capital si quieres realizar un proyecto a largo plazo”, confiesa Ilvy Njiokiktjien, Embajadora de Canon y especialista en fotografía documental y de noticias. Las condiciones a las que se enfrenta el fotoperiodismo lo arroja a una situación de precarización y de inestabilidad laboral permanente.

El falso periodismo

Esta tendencia se perpetúa ante la saturación de imágenes, los medios pueden elegir entre una amplia gamma de ellas, hecho que provoca una disminución de los precios por cada fotografía e incluso de los sueldos de los y las profesionales. Otro punto a señalar es el periodismo ciudadano, mediante el cual toda persona con un móvil y perfil en las redes sociales puede hacer que una misma instantánea pueda ser vista en todo el mundo.

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El periodismo ciudadano, uno de los culpables de la crisis del fotoperiodismo

Esta forma de «falso periodismo» ha desviado el camino del fotoperiodismo, ahora prima el espectáculo. Los medios han aprovechado el morbo de los y las lectoras y muchas ocasiones vemos pinceladas de sensacionalismo que manchan las imágenes que ilustran las noticias de los principales diarios del país, que se alejan del espíritu informativo que deberían perseguir.

El fotoperiodismo, una profesión sin techo

La responsabilidad y el cumplimiento del código deontológico son la esperanza de este oficio. Mientras algunos se llevan las manos a la cabeza con portadas como las de La Vanguardia el pasado 1 de febrero, donde se mostraba un hombre que yacía muerto en el suelo presuntamente por coronavirus -cosa que en ningún informe figuraba y que denotaba información no contrastada-, otros luchan por ejercer un periodismo ético que parece escasear en estos tiempos. La espectacularidad y la práctica del infotainment son algunos de los vicios que actualmente acechan al cuarto poder.

Normalmente la opinión pública se muestra desfavorable y altamente crítica con los medios. Los recursos audiovisuales son un arma muy eficaz para la desinformación. Pese a la mala dinámica que lleva arrastrando en los últimos años, el fotoperiodismo aún tiene mucho que ilustrar.