Ahora que los quioscos están vacíos

La polémica con el nuevo modelo de subscripción de EL PAÍS

Stands vacíos de prensa gratuita en Londres. Anthony San. Extret de: Pixabay.com

Por Berta Codina

El Domingo 1 de Marzo la directora de el periódicos más leído en el estado, Soledad Gallego Díaz, publica un artículo titulado “Hacer EL PAÍS no es fácil”, en relación al nuevo modelo de suscripción digital del medio. A partir de este marzo, EL PAÍS ya no ofrecerá su contenido digital gratuitamente. Sus lectores deberán suscribirse para leer más de 10 artículos gratis al mes.

Este no es ni el primero ni el último periódico que decide optar por este sistema y cobrar por sus contenidos online. Los más destacados del mundo – incluyendo The New York Times, The Washington Post, Le Monde, The Guardian i The Wall Street Journal  (un caso destacable, con suscripción digital desde 1996), ya han escogido este camino para sus artículos. Una decisión casi irremediable y en favor de la complicada supervivencia del periodismo hegemónico.

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El concepto «Internet» permite definir muchos aspectos de la sociedad occidental de hoy. La red nos ha dado multitud de cosas: partidos de fútbol en directo, fotografías divertidas de gatos, audiolibros o la traducción immediata en todos los idiomas. Sobretodo y más generalmente, el acceso libre y gratuito a la información.

La red es de tal alcance que se produce el fenómeno de la sobreinformación, o la abundancia excesiva de inputs informativos que recibimos constantemente y en diferentes formas (des de los míticos 140 caracteres hasta la realidad augmentada).

Retroalimentados por la globalización, también facilitada por Internet, podemos saber que pasa en cualquier lugar recóndito del planeta ahora mismo, sin la necesidad directe de un periodista del Times o del Guardian. Son ellos los que se han tenido que adaptar al ritmo de este mundo nuevo, aunque su tradición fuera analógica, y no viceversa.

Toda esta gran cantidad de información, como es evidente, no es siempre de calidad. La gran diferencia entre los primeros resultados aleatorios de un buscador y la de los medios es que en estos últimos sabemos que está tratada. Sabemos que la difonen profesionales cualificados, el trabajo de los cuales es específicamente producir información para los lectores.

No obstante, la polarización política y a veces el partidismo de los periódicos, provocados muchas veces por los mismos problemas de financiación de estos, que los llevan a aceptar contribuciones de empresas y partidos políticos para sobrevivir, han acabado por producir una pérdida de credibilidad hacia estos. Es evidente que la combinación de la avalancha de informaciones no mediatizadas y la pérdida de confianza han resentido la prensa mainstream.

Paralelamente, se ha propiciado un claro nomadismo de los lectores de noticias entre medios de comunicación digitales. Esto dificulta que los usuarios «inviertan» en el nuevo modelo de suscripción a un medio concreto por el miedo a perderse algo, por miedo a ser manipulados por estos intereses partidistas que pueden o no haber detrás de un medio.

Todo tiene consecuencias

Pero, ¿es escoger este cambio de modelo de suscripción una forma de elitización de la información? Solo aquellos que puedan pagar las suscripciones podran acceder a la información de los medios de comunicación. Si los periódicos han decidido seguir este camino, es que el fin justifica los medios: es la única alternativa para sobrevivir.

Un artículo de la redacción de EL PAÍS en el que se entra a fondo en los detalles del nuevo modelo de suscripción digital, especifica que uno de los motivos para esta transición es que este 2019 por primera vez en su historia, el diario obtuvo «más ingresos de la publicidad digital que de la impresa».

Esto denota dos cosas: La primera (que ya ha quedado clara) es que se ha reducido mucho la lectura en papel, cosa que ven las empresas que publican anuncios, cada vez más centradas en el contenido digital. También lo notan los quioscos, que hace tiempo que ya han perdido la referencialidad como puntos de venta de medios. La otra es el importante peso, casi determinante, que tiene la publicidad en los ingresos de los periódicos.

En otro artículo, “La larga marcha de Internet”, Jordi Pérez se pasea por encima de la trayectoria histórica de los modelos de financiación de los periódicos hasta llegar a hoy. El periodista argumenta que la prensa siempre había tenido “dos modelos básicos de financiación: venta de ejemplares i publicidad”.

Medios como EL PAÍS o La Vanguardia se mantenían rentables gracias a estos dos elementos. Con la aparición de la tecnología móbil a medios de los 2000, grandes multinacionales digitales (Facebook y Google sobretodo) «iban a empezar a adueñarse de la publicidad online» y, a su vez, los anuncios clasificados empezarían a desaparecer. La rentabilidad ya no sería posible a partir de este punto.

Pocas perspectivas de salario

Por último, lo más triste de toda la historia: que el público general (irónicamente también los estudiantes de periodismo) no pague por lo que lee en sus medios de confianza produce la precarización de la profesión y la reducción de las plantillas, muchas veces en contra de los redactores base, más jóvenes o en prácticas que acaban de aterrar al mundillo. Según el Informe anual de la Profesión Periodística 2018 de la Asociación de Prensa de Madrid, el 37% de los periodistas contratados cobran un salario mínimo de menos de 1500€ al mes.

Según las encuestas, el 58% de los trabajadores en el campo sobrepasan el límite de las 40 horas semanales de trabajo y un 71% de los encuestados considera que la profesión se ha precarizado des de la crisi económica de 2008: «se paga más por menos». Otra cifra destacable es la de los autónomos o freelance, que colaboran en varios medios de comunicación. El 2018 suben a un 50% de que ejercen la profesión. Esto, según la asociación, demuestra que «los precios se pagan por las colaboraciones» que, a su turno, están cayendo «por debajo del nivel de proletarización de este oficio».

En funcionamiento del nuevo modelo de suscripción de EL PAÍS acaba de ponerse en marcha y los resultados aún no son palpables del todo. Tomar una decisión como esta no es fácil, pero los medios van cayendo uno a uno al pago de contenidos online. En una comparación totalmente banal: No es lo mismo comprar un croissant en una caja de supermercado que en la pastelería del barrio de toda la vida. El precio tampoco es el mismo, claro.

Artículos consultados

  • Informe Anual de la Profesión Periodística 2018, Asociación de Periodistas de Madrid
  • Precaris, Col·legi de Periodistes de Catalunya
  • Hacer El PAÍS no es fácil, Soledad Gallego Díaz (Publicado en EL PAÍS)
  • La larga marcha de Internet, Jordi Pérez (Publicado en EL PAÍS)
  • El País lanza su subscripción digital, Redacció (Publicado en EL PAÍS)